Paco Alcacer y los 3 puntos

FC Barcelona y Sevilla FC disputaron un partido precioso y lleno de alternativas donde hubo muchas buenas noticias a destacar. De hecho, podría afirmarse que ambos conjuntos firmaron, cada uno en su fase de dominio, los mejores (o casi) minutos de sus respectivas temporadas. El acierto de Paco Alcácer, que completó la actuación exacta que se buscó con él en el momento de su fichaje, marcó la diferencia.
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Cierto que el primer tiempo de los de Berizzo resultó muy vinculante con la gran respuesta del Barça. El Toto es un técnico que siempre plantea sus duelos frente a los grandes con marcas prácticamente individuales en el centro del campo y, por tanto, dando más prioridad al balón -al robo- que a reducir espacios. Ahí, la interpretación de Iniesta en posiciones más abiertas de las que solía y la agilidad asociativa de Rakitic, Busquets y Messisembraron una gran ventaja ayudados por que los jugadores sevillistas no estaban creyendo en el plan de su entrenador. A excepción de Pizarro, el resto se quedaba a medio camino y ni apretaba lo suficiente ni se decantaba por fijar abajo y achicar hueco entre la medular y la zaga.
En dicho contexto, quien obtuvo más rédito fue el mencionado Paco Alcácer. Sobre todo, porque contrastó el límite que está significando para el Barcelona que toda la responsabilidad de dotar de agresividad sin balón al ataque, que todo lo relacionado con lanzar desmarques de ruptura y cargar el área, esté recayendo sobre Luis Suárez. Con el valenciano encargado de los movimientos más largos partiendo desde la derecha, Luis pudo centrarse en un trabajo más intermedio y más de contacto que de escapar del mismo que le llevó a cerrar sus 45 minutos de mayor aporte en el curso. Ha perdido la chispa, pero el talento, el oficio y esa calidad tan rara suya que no aparenta refinamiento pero suma como si fuera de seda, siguen ahí. Sólo necesita ayuda. Y Paco Alcácer, con su mordiente, y el Barça, moviendo la bola arriba, supieron ofrecérsela.
La segunda parte trajo un giro mayúsculo porque el Sevilla, tras no haberse ni acercado a ter Stegen durante 45 minutos, sintió que no tenía nada que perder y empezó a jugar con pasión y fidelidad hacia su entrenador. Y al Barça, y en especial a sus dos figuras, quizá, más importantes de cara a ganar títulos, que son Messi y Suárez, se les notó faltos de frescura. Recibiendo lejos de la zona de peligro, no lo representan, y los duelos individuales contra un portentoso Guido Pizarro -hizo lo que Zidane le pidió a Casemiro ante Leo y el brasileño no resolvió- y los centrales salieran siempre cara para los visitantes.
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La posesión pasó del 57-43 al 46-54, y con ella, el control relativo emigró de lado, si bien el sistema defensivo culé mostró cohesión y superioridad individual. En particular lo de Semedo contra Nolito, que fue el arma sobre el que Berizzo depositó sus esperanzas de desborde, tranquilizó a Valverde y al Camp Nou. Quizá sorprendió que, una vez hubiera logrado ganar tantos metros sobre el campo, el Toto no apostara por la calidad en el detalle de Franco Vázquez o PH Ganso. En cualquier caso, sufrió una de esas derrotas que pueden servir para crecer: su Sevilla FC empezó a competir cuando empezó a creer en su mensaje. La fe da mucho. Que pregunten a Paco Alcácer.